Los avances tecnológicos han llevado los gráficos de los videojuegos a niveles de realismo cada vez mayores, al grado de que algunas escenas pueden confundirse con imágenes de la vida real. Un ejemplo es Call of Duty Modern Warfare 4, que muestra cómo tecnologías como DLSS 5 y la resolución 4K pueden mejorar el nivel de detalle y realismo de las imágenes.
Este realismo también lleva a cuestionar qué tan segura es nuestra percepción de la realidad y revive la teoría de que la humanidad podría vivir dentro de una simulación creada por una civilización más avanzada. El astrofísico Neil deGrasse Tyson ha hablado sobre esta posibilidad y ha señalado lo difícil que sería descartar por completo que nuestra realidad sea una simulación.
La teoría plantea una idea aún más sorprendente: así como los seres humanos crean mundos virtuales en los videojuegos, una civilización más avanzada podría haber creado una simulación en la que existimos. Incluso, dentro de esa simulación, podrían surgir otras simulaciones, lo que lleva a preguntarse cómo podríamos distinguir la realidad original de un mundo artificial.
Aunque el realismo de los videojuegos no demuestra que vivamos en una simulación, los avances tecnológicos permiten imaginar escenarios que antes parecían ciencia ficción y abren nuevas preguntas sobre la realidad que conocemos.