Darryl Davis, músico de blues estadounidense, se propuso combatir el racismo de una manera poco convencional: acercándose y entablando amistad con miembros del Ku Klux Klan.
La historia comenzó cuando, durante una presentación en un bar de Maryland, un hombre blanco se acercó a felicitarlo por tocar el piano. Durante la conversación, el hombre le confesó que pertenecía al Klan y le mostró su credencial.
A partir de ese encuentro, Davis comenzó a reunirse con integrantes de la organización, asistir a sus reuniones y conversar con ellos. Según ha contado el propio músico, algunos de los miembros con los que entabló amistad terminaron abandonando el Klan y le entregaron sus túnicas.
Con el paso de los años, Davis llegó a reunir más de 200 túnicas, las cuales conserva como símbolo de su esfuerzo por combatir el racismo mediante el diálogo y las relaciones personales.